Cristina es????
Cristina es…..
Cristina es pensadora q no pensativa,aunq podriamos decir q tmb es pensante, mucho,y tmb es profunda (demasiado? uhmm).
Ademas Cristina es???… leal con sus amigos….exigente con ellos de la buena manera, pues tmb hay exigencias malas con los amigos,pero no es el caso.
Cristina tmb es trabajadora, honrada,eficaz, eficiente y mucho mas…y ademas a Cristina le gustan los cuadernos, tiene varios, bastantes….seguro q algunos inconclusos…otros secretos, y para añadir uno mas le hice este…
Salio algo vintage y puede usarlo  de delante a  atras y de atras adelante…como la vida misma.
Espero q lo disfrute.
Hoy…quiza por q es primavera es el dia de la poesia….
Y que mejor q celebrarlo leyendola?
Y q mejor q celebrarlo q leyendolo (Mario Benedetti)
¿Qué pasarÃa si un dÃa despertamos dándonos cuenta de que somos mayorÃa? / ¿Qué pasarÃa si de pronto una injusticia, solo una, es repudiada por todos, todos los que somos, todos, no unos, no algunos, sino todos? / ¿Qué pasarÃa si en vez de seguir divididos nos multiplicamos, nos sumamos y restamos al enemigo que interrumpe nuestro paso? / ¿Qué pasarÃa si nos organizáramos y al mismo tiempo enfrentáramos sin armas, en silencio, en multitudes, en millones de miradas la cara de los opresores, sin vivas, sin aplausos, sin sonrisas, sin palmadas en los hombros, sin cánticos partidistas, sin cánticos? / ¿Qué pasarÃa si yo pidiese por vosotros que estáis tan lejos, y vosotros por mà que estoy tan lejos, y ambos por los otros que están muy lejos y los otros por nosotros aunque estemos lejos?
Me hago eco de la idea q expone eli EN SU BLOG que a su vez ha visto EN ESTE BLOG .
La empatia crece cuando en momentos por los q esta pasando Japon uno se ve a si mismo y a todo el genero humano como lo q es algo sumamente vulnerable,delicado y pequeño.
Miles de historias surgiran ante tanto dolor ante tanta desesperacion. Solo una para ilustrar el estado de aturdimiento en q quedamos cuando pasamos por situaciones limites como esta.
Ayer cuando se pensaba q ya no habia posibilidad de encontrar a mas personas con vida ,los servicios de rescate encontraron a un joven de 20 años en estado de Kesennuma (prefectura de Miyagi).Estaba envuelto en una manta en estado de schock ,totalmente agotado. Enseguida  lo trasladaron hasta el hospital,pero descubrieron q en ese joven ya habia sido rescatado hacia unos dias. ¿Q le llevaria a volver a las ruinas de su casa? Quiza la esperanza de q todo hubiera sido un sueño? Desgraciadamente no lo fue.
Solo la humildad nos ayudara a sacar lecciones de tanta tragedia, de tanto dolor. Somos poca cosa….no nos hagamos grandes.
Hace unos años vi un caracolito cerca de donde vivo.Enseguida pense q asi eramos nosotros comparados con el Universo y su Hacedor…
Q habra aqui?
Y aqui???
Pues esto otro
…Jiji el osito se salio de la caja ….algo impaciente el chico.
Si, anoche fue noche de regalos…y no fue necesario  q vinieran los magos  desde oriente…q por alli no estan para mucho viajar ahora.
Gracias a las “dos magas” q me hicieron feliz con estos regalos…
O…el antes y el despues. Ayer, antes….asi estaba cuando lo compre en una tienda de antiguedades llamadas popularmente tienda de cosas viejitas.
Asi esta hoy, despues de hacerle una lavada con pintura acrilica blanco roto  y unas veladuras de oleo blanco, trementina y algo (muy poco, poco) de aceite de linaza o lino. Y pintar dos marinas mitad surrealistas, mitad ????
Os gusta?????
Magnifico articulo de Perez Reverte sobre el mar…o estaba hablando sobre la vida???
He leÃdo con atención tu carta. Hablas del mar y también de la borrasca en que te ves, de la incertidumbre y de la vida. Deduzco que eres muy joven, y hay algo que quisiera contarte sobre eso. Yo tengo 59 años y amo el mar, pero ya sólo navego por el Mediterráneo. Pasó la edad en que me seducÃan otros mares y otras costas. Con canas en la barba y arrugas en la cara acabé confirmando que mi verdadera patria es ese lugar viejo y sabio, memoria de velas blancas y naufragios, por donde vinieron los héroes, los dioses y las antiguas leyendas que me educaron con rumor de resaca, en playas donde, al fuego hecho con madera de deriva, hombres de manos encallecidas por remos y redes, piel curtida y ojos quemados de sal, fumaban tabaco negro, hervÃan calderos de arroz y asaban sardinas. Quien no conoce de esas aguas más que las orillas, las cree siempre apacibles, azules, de mansos amaneceres y rojas puestas de sol. Ignora que algunos de los más furiosos temporales pueden desatarse en ellas sin previo aviso: el mar golpeando de manera despiadada, voluble y traidor.
En realidad, ningún mar es mala gente. Es el viento el que lo hace peligroso y mortal. Pero, a diferencia del Atlántico, donde los temporales pueden a veces prevenirse en intensidad, trayectoria y duración, y donde la ola suele ser larga y tendida, más gobernable, el Mediterráneo desata su furia de improviso, con vientos inesperados y una ola corta, asesina, que machaca los barcos y agota a quienes los tripulan. Vivà entre marinos desde niño, y me crié con relatos de buques y mar. Nunca olvidé el respeto con que viejos capitanes, curtidos en todos los océanos, hablaban de la mar terrible que los temporales del norte levantan en el golfo de León. Después, con el paso del tiempo, yo mismo tuve ocasión de comprobar en persona cómo es capaz de golpear el azul Mediterráneo cuando se torna malhumorado y cabrón. Cuando se pone barbas grises.
De una de esas situaciones hablé aquà alguna vez: fue a bordo del petrolero Puertollano, navidad de 1970, y tuvimos una mar horrorosa doblando el cabo Bon, frente a la costa de Túnez, con olas de diez metros y viento que en la escala Beaufort se conoce como temporal duro, de fuerza 10. En otras ocasiones tampoco escapé a los temibles mistrales del golfo de León o a las noroestadas duras del canal de Cerdeña; con la angustia que supone, en esos casos, estar al mando de tu propio barco, tomando las decisiones, y que éste sea un velero con tripulantes de cuyas vidas eres responsable. Y te aseguro que un mistral de fuerza 8 pegando en la amura de estribor durante horas, con sólo una trinquetilla arriba, la mayor reducida al último rizo y el barco -valiente, fiel y marinero, bendito sea- navegando a ocho nudos escorado hasta el trancanil, dando pantocazos, macheteando entre rociones y rachas la maldita ola corta mediterránea, es algo que, por mucho que ames el mar, puede hacerte renegar de él, de los barcos y de la madre que te parió.
Sin embargo, hay algo bueno en eso. Cuando todo acaba felizmente, si el barco navegó bien gobernado y estás a salvo en aguas tranquilas, hay algo que caldea tu espÃritu con legÃtimo orgullo: pasaste la prueba. Llevaste a puerto el barco, a los tripulantes y a ti mismo. Eres marino. Hiciste las cosas como debÃas, y ahora estás a salvo. Librado a tus propias fuerzas, con los dientes apretados, sin aspavientos, estuviste allá lejos, donde nadie puede decir basta, oigan, paren esto que me bajo. Y, por mucho tÃtulo de capitán de yate que tengas en casa, posees el mejor certificado náutico del mundo: saliste vivo, con tu barco. Porque si es verdad que el mar, cuando se lo propone, acaba matando a cualquiera, incluso al mejor marino, también es cierto que primero liquida a los torpes, a los arrogantes y a los imbéciles; a quienes carecen de la suficiente experiencia o la humildad -que allà son sinónimos- para comprender que el mar, reflejo exacto de la vida, con sus borrascas imprevistas y sus arrecifes acechando en alguna parte, es lugar peligroso. Y que una saludable y constante incertidumbre, la desconfianza de quien se sabe siempre en territorio enemigo, ayuda a mantenerse vivo.
Y, bueno. Eso es todo, o casi. Sólo querÃa decirte que, lo mismo que el mar, espejo de la vida, también la tierra firme -engañosamente firme- tiene borrascas perfectas que discurren por el corazón del ser humano, probándolo, tanteando su resistencia y su coraje. Y que no hay mejor adiestramiento y ojo marinero para enfrentarse a ellas, aparte una saludable incertidumbre, que la lucidez, la tenacidad y la cultura. Ellas te ayudarán a sobrevivir entre tus particulares temporales de fuerza 8. Y en el peor de los casos, si no queda otra, a perderte con tu barco luchando hasta el final, silencioso y sereno como un buen marino. Con el consuelo de que lo hiciste todo lo mejor posible.





















