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A cuenta de…..los rescatados…
Copio con su permiso esta reflexion de Miguel Rojas sobre el rescate de los mineros..
Me veo alli, te veo a ti. Un mundo nuevo empieza a latir.
Asi inicia nuestro cantico 134, cuyo titulo lleva este post. Buscaba la frase mas precisa para manifestar mi satisfaccion por la perfecta operacion de rescate de los 33 mineros chilenos y como enlazarlos con un tema de conversacion que edifique a mis hermanos cristianos. Asi que haciendo una analogía de lo vivido por aquellos valientes mineros, me gustaria centrar estas reflexiones en lo que el rescate representa para los cristianos verdaderos. Y es que los humanos tambien nos hallamos abismados, no a 700 metros bajo tierra, sino estamos alejados del amor de Jehova, producto del pecado heredado. Asi, como de inmediato se hicieron planes para iniciar las labores de rescate de estos mineros (al tiro como dicen los chilenos), nuestro amoroso Dios Jehova, tambien hizo planes inmediatos para rescatar no a 33 personas alejadas de su amor, sino a la entera humanidad apenas el hombre cometio pecado y para ello no escatimo en ningun esfuerzo o desprendimiento. Las autoridades chilenas tampoco escatimaron esfuerzos o costos para rescatar a 33 de los suyos. Intentaron disponer de la mas avanzada tecnologia que existe, incluyendo a la propia NASA y lograron su cometido. Jehova Dios asigno como rescatador nada mas y nada menos que a su propio Hijo, su unigenito, Jesucristo. Lo puso al frente del cometido mas complejo que podamos imaginar, mantener su integridad hasta el final y dar su propia vida en sacrificio por TODA la humanidad. Y hoy vemos los resultados de ese sacrificio. Mas de 7 millones de fieles adoradores dan gracias al Dios Todopoderoso y su hijo Jesucristo por este rescate. Este nos puso en una maravillosa perspectiva, recuperar el amor de nuestro Dios, mantener una intima relacion con El y tener la esperanza de una vida plena, sin sufrimientos ni dificultades, una vida que nos dure para siempre. Cuando uno a uno veiamos emergiendo de los confines de la tierra a los 33 mineros, pensaba en como esa muerte en sacrificio de nuestro Señor Jesucristo nos permitira seguir viviendo, aunque algunos se hayan dormido en el sueño de la muerte. Cada viva que se daba conforme iban saliendo de aquella capsula, me transportaba imaginariamente a cuando en el nuevo mundo demos la bienvenida a nuestros amados seres que vayan resucitando. Asi como veiamos estrecharse en fuertes abrazos, efusivos saludos y lagrimas de emocion por cada uno de los emergentes, asi es como me imaginaba la bienvenida que daremos a los nuestros en ese nuevo mundo que gracias al sacrificio de Cristo se nos hace posible. Todos los mineros rescatados dieron gracias a Dios, que lastima que no lo llamaran por nombre, pero nosotros, los que si sabemos como se llama El, al unisono diremos GRACIAS JEHOVA cuando nos devuelva a nuestros seres amados a la vida, y hasta a nosotros mismos quiza. Que hermoso sera volver a la vida en la tierra convertida en un paraiso, donde la muerte no exista mas, ni el llanto ni dolor ni el sufrir. Habemos aquellos que tenemos una corta perspectiva de vida en lo que resta de este sistema, y si nos dormimos en la muerte antes del fin de este, cuan emocionados estaremos cuando seamos llamados a la vida por el merito del sacrificio de nuestro rescatador Jesucristo. Y si logramos pasar con vida al nuevo mundo, mas emocionados estaremos de no haber experimentado la muerte por ese mismo sacrificio. Nos abrazaremos, reiremos, gozaremos, disfrutaremos de la vida que realmente lo es, tal y como nuestro amado Dios se lo propuso en un principio. Y le daremos gracias a El por permitirnos seguir viviendo por toda la eternidad para su gloria y alabanza.
Me veo alli, te veo a ti. Un mundo nuevo empieza a latir…
Si, yo espero verte a ti y espero tu me puedas ver a mi tambien en ese nuevo mundo. Y eso sera posible solo si nos mantenemos fieles a Jehova Dios. No desmayemos en lo que resta de este sistema, mantengamonos firmes, integros a nuestro amado Dios Jehova. Y juntos por toda la eternidad podemos darle gracias a El y su nuestro Rescatador Jesucristo por que nos da la dadiva de la vida, vida que realmente lo es. ¿Te ves en el nuevo mundo?, que asi sea para la gloria de nuestro Dios y Padre Jehova.
Pararse.
La gente va deprisa…siempre,,,o casi…y no toda la gente, pero si mucha gente,,,,demasiada. Y se pierden cosas, nos perdemos cosas…
Hoy me pare a ver las azaleas blancas por la ventana,
Hoy me pare escuchar los nocturnos de Chopen en mac.
Hoy me pare para saborear un buen Nespresso….aunq sea descafeinado.
Hoy me pare a todo eso….
Hay q pararse….
Viernes cualquiera.
Mi medico me recomienda agua con sal cuando le pido un colirio para el enrojecimiento de los ojos. Me manda la medicina para la garganta en jarabe cuando se la pido en pastillas efervescentes. Me manda algo para la irritacion sin receta….No importa.
Despues encuentro a Julia* q se separa de su marido…ya no aguanta mas esa union desunida carente de confianza y de amor, otro matrimonio por la borda hacia el mar de la decepcion.
En la misma calle saludo a Elizabet* toda la vida trabajando,toda la vida sola, toda la vida sosteniendo una casa con 8 almas ella sola. Se quiere jubilar…lleva los papeles bajo el brazo para q un gestor le gestione un poco de paz en los años proximos. Le dio otro aviso el corazon….pero estaba trabajando y decidio q el corazon al igual q su vida puede esperar….craso error.
Paso por el mercadillo ,busco y encuentro al fin, al señor de las puntillas. En el traslado del mercado a otro sitio lo habia perdido, y no es cuestion de perderlo, q por 1 euro me llevo dos metros de cinta para rematar bien bonitas.
Compro el jarabe q ha arrinconado a mis pastillas magicas…Fluimil.
Compro esa formula quimica q dicen impediran q mis huesos se rompan por falta de estrogenos.NO lo creo, pero las compro.
Una sopa de fideos y pollo en escabeche marcan la mitad del dia.
Salgo con Antonia * y su encantadora hija.Ayudamos a una mujer a q active su cerebro aprendiendo cosas utiles de memoria.
Compro velcro para terminar la bolsita para Silvia.
LLego a casa…..Veo la peli Letters to Juliet…bonita, tierna , irreal….pero de eso se trata en algunas peliculas…q la irrealidad te relaje de la realidad diaria.
LLamo y quedo con Angeles q mña me ayudara a sacar las perspectivas de un nuevo cuadro con calas.No se me dan muy bien las perspectivas, aunq pensandolo bien, creo en este mundo…casi es mejor no ser bueno en tener perspectivas.
Ceno algo de queso de untar con berberechos…saque la receta de aqui…
Termina un viernes mas o menos…
* Como dicen en algunas series…los nombres se han cambiado.
La sonrisa de Clara.
En el balcon sobreviven aun las petunias blancas . 
Escucho llover,seguramente sera por poco tiempo, pues estas tierras no se llevan muy bien con el agua.
Ayer Clara nos dio una leccion de alegria. Solo con sus años (12)se puede tener una sonrisa asi,aunq tmb con sus años se llora, se sufre,se reniega. Pero hoy solo eso importa la sonrisa de Clara .Una leccion de alegria, de vida, de reflexión sobre las costumbres q a veces nos vencen ,la q nos hacen borrar la sonrisa de Clara de nuestras vidas…nuestra sonrisa. Y hay tanto por lo q sonreir….Las petunias q aun no se han marchitado, el trabajo creativo q hacer, el hacerlo bien. Las lecturas entretenidas,la bendita musica, ( se dice q el recuerdo de la musica es lo ultimo q pierden los q padecen alzheimer).
Los nuevos proyectos para la semana,,el retomar los viejos proyectos sin amargarse por estar siempre retomandolos….todo esto me inspiro la sonrisa de Clara.
P.D Buena semana.Buenas sonrisas…
Reunion familiar.
Encarna murio hace unos meses, Antonio la siguio hace uno.El no quiso irse antes,,,no quiso dejarla sola, ella era tan pequeña… .Ella habia sido la madre de sus seis hijos en tiempos duros y dicifiles.Habian construido una vida juntos, de amores, sin sabores y buen nucleo familiar. Ella hacia los pestiños como nadie, el llevo la luz electrica a su pueblo antes que nadie. El pago hasta la ultima peseta el dinero que le prestaran para q su vida fuera un poco menos misera, q no miserable, por q cuando se tienen esas cualidades por mas pobre q seas nunca seras miserable.
Estos dias sus hijos se han reunido en su memoria…para recordarlos, para q no mueran aunq esten muertos, para hablar de ellos,para recuperarlos en las flores de dulce de Encarna, para ver si le salen igual de buenos los buñuelos, el turron y todo lo q ella hacia.Y aunq no les hayan salido las cosas igual q a ella, q a el, les ha salido todo el amor y la unidad q ellos les pudieron transmitir.
Acudieron todos, hijos, nietos,yernos, nueras,,,y todo para conmemorar que cuando las personas son buenas, no mueren aunq mueran.Y para tener un pretexto para recordar en este mundo falto de cariño natural…que las familias, aun son familias, por mas q intenten disolverlas las prisas, el desinteres, la falta de prevision en hacer hueco para el amor .
Un dulce para ellos…
Un cafe para mi
P.D Escuchando hermosas voces cantandoles a su Dios…(en ingles)
La Barranca del Cobre
Una maravilla de la naturaleza…
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La Oxitocina y la Confianza.
La confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne el futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de un otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo.(Laurence Corn)
La confianza es el sentimiento de q otros van actuar como deben, que se van a portar como es justo,como es debido. Es un sentir q podemos estar seguros con nuestro amigo o familia ,de q no nos van a fallar, al igual q ellos esperan q nosotros no les fallemos.
Y tal sentimiento parece q nos viene dado,que viene con nosotros cuando nacemos, que lo traemos en pack ,pues tenemos una hormona la Oxitocina q actua como neurotransmisor y q nos facilita las relaciones humanas y el demostrar cariño a los demas.Parece q cuando dos personas interactuan el cerebro libera esta hormona, lo q facilita la confianza entre ellas.Por eso se asegura que cuando falta la confianza en cierto modo estamos “deshumanizados”.
Es tan importante esta hormona y caracteristica q Michael Kosfeld dijo: “La confianza es indispensable para la amistad, el amor y el funcionamiento de las organizaciones; es clave en la economía y la política”.
Pero parece q en el mundo q vivimos hay un deficit de Oxitocina, y no porq nuestro cerebro no la produzca sino por q nosotros tratamos de reprimirla o con nuestros actos hacemos q a otros les resulte dificl identificarla en nosotros.
“No fabriques nada malo contra tu semejante ,cuando este morando con un sentido de seguridad contigo (Proverbios 3:29)
“Como diente quebrado y pie vacilante es la confianza en uno que resulta traicionero en el día de la angustia.(Proverbios 25:19)
Preguntemonos: ¿Estan mis amigos y familia tranquilos con respecto a mi de q no les hare ningun daño ni traicionare su confianza?
Y Yo? me estoy protegiendo de gente q tiene niveles bajos de oxitocina?
P.D… Y musica… Victoria Khor …
Natalia Ginzburg
Este verano he descubierto a Natalia Ginzburg
De tan sincera q es, resulta inquietante, pero tmb clara,y lucida como pocas.Una claridad de la vida y de los hombres ,de la humanidad mas humana, con todos sus miedos y grandezas. Y una realidad inquietante a la vez q esperanzadora.
Un relato q aparece en el libro “Las pequeñas virtudes”…todo un universo de su propia vida y de lo q piensa sobre ella, los otros, las cosas, los sentimientos…etc…
Alabanza y menosprecio de Inglaterra
Inglaterra es bella y melancólica. Yo no conozco, a decir verdad, muchos países; pero me ha surgido la sospecha de que Inglaterra es el país más melancólico del mundo.
Es un país altamente civilizado. Se ve resueltos en él con gran sabiduría los problemas más esenciales del vivir, tales como la enfermedad, la vejez, el paro, las tasas.
Es un país que sabe tener, me parece, un buen gobierno, y esto se advierte en los detalles mínimos de la vida de cada día.
Es un país donde reina el máximo respeto y la máxima voluntad de respeto por el prójimo.
Es un país que se ha mostrado siempre dispuesto a acoger a los extranjeros, a las poblaciones más diversas y, creo, que no las oprime.
Es un país donde se sabe construir las casas. El deseo del hombre de gozar de una casita, sólo para sí y para la propia familia, con el jardín que puede cultivar él mismo, se considera legítimo, y las ciudades están formadas, pues, por esta especie de pequeñas casas.
Hasta las casas más modestas pueden tener, externamente, un aspecto gracioso.
Y una ciudad grande como Londres, monstruosamente inmensa, está organizada, sin embargo, de tal modo que esta grandeza no se advierte ni pesa. La mirada no se pierde en su grandeza, sino que es atraída y engañada por las callejas y casitas, por los verdes parques.
Los parques se abren en la ciudad como lagos para reposar la mirada, para darle refrigerio y liberación, para lavarla del hollín.
Porque allí donde la ciudad no es verde, inmediatamente aparece envuelta por una densa capa fuliginosa y huele como huelen las estaciones: a trenes viejos, a carbón y polvo.
Las estaciones son los lugares donde Inglaterra es más abiertamente tétrica. Se acumulan en ellas chatarra, residuos de carbón, montones de rieles en desuso, roñosos y enredados. Las rodean desoladas huertas de coles, con pobres camisetas tendidas y barracas llenas de remiendos como prendas viejas.
Bastante tétrica es, asimismo, la periferia de Londres, donde las calles de casitas iguales se multiplican y se prolongan hasta producir vértigo.
Igual vértigo sentimos viendo en Londres ciertos escaparates de tiendas, abarrotados de zapatos todos iguales, con la punta afilada y tacón alto. Zapatos que producen dolor de pies sólo de mirarlos. O escaparates abarrotados, rebosantes, de ropa interior de mujer, tan abarrotados, que quitan todo deseo de comprar enaguas o medias, de las que tan llena tiene uno la mirada. Contemplando tal abundancia, surge la sensación de que no se necesita nada, y un disgusto tal por medias y enaguas, que parece que tendría que durar toda la vida.
Contra los muros de ladrillos rojos de las casitas, se recortan las hojitas verdes de los árboles, pequeñas, de un verde tierno, un delicado encaje de hojas.
De vez en cuando se asoma a la calle un árbol florido, de un rosa suave o vivamente encendido, bello a la vista, amable adorno de la calle. Mirándolo, se siente, sin embargo, que no está allí por azar, sino por cálculo, obedeciendo a un preciso designio. Y el hecho de que esté allí, no por azar, sino en obediencia a un preciso designio, entristece su belleza.
Un árbol florido, en Italia, en la calle de una ciudad, sería algo de una alegría sorprendente. Estaría allí por azar, brotado de la alegría de la tierra, y no por cálculo de una determinada voluntad.
En Londres, en esta ciudad negra y gris, el hombre ha puesto, con precisa determinación, algunos colores. Se puede encontrar, de pronto, un pequeño portal azul, o rosa, o rojo, entre sus negros hermanos. Entre el aire gris pasan los autobuses pintados de un vivo rojo. Son colores que en otros sitios serían alegres, pero que aquí no son alegres, reprimidos por una precisa y determinada intención, triste y apagada sonrisa de quien no sabe sonreír.
Y rojos son los coches de los bomberos, que no tienen una sirena estridente, sino un dulce tintineo de campanillas.
Inglaterra no es nunca vulgar. Es conformista, pero no vulgar. Siendo triste, no es nunca torpe. La vulgaridad nace de la torpeza y de la prepotencia. Nace, también, del capricho, de la fantasía.
A veces creemos ver asomar la vulgaridad en la voz bronca o en la risa chillona de una mujer, en los colores violentos de sus afeites, o en sus cabellos de estopa. Pero en seguida nos damos cuenta de que, en este país, la vulgaridad ha sido desarraigada de todas partes por la melancolía.
Los ingleses carecen de fantasía. Se visten todos del mismo modo. Las mujeres que se ve por la calle llevan todas el mismo impermeable de celofán, transparente y como de caramelo, semejante a las cortinas de los baños, a los manteles de los restaurantes. Llevan todas, colgada del brazo, una cesta de mimbre. Los hombres de negocio llevan el conocido uniforme: bombín negro, pantalones a rayas y paraguas. Los artistas del barrio de Chelsea y los estudiantes que sueñan con el arte, con la bohemia y la vida disipada, tienen barbas rojizas, descuidadas, cortadas en redondo, y chaquetas a cuadros con los bolsillos deformados. Las muchachas de este tipo visten ajustados pantalones negros, jerseys de cuello alto y, cuando llueve, zapatos blancos.
Los jóvenes creen, vistiéndose de este modo, que afirman como si fuera en voz alta su situación libre, rebelde, anticonformista, la originalidad y la extravagancia de su forma de pensar. No se dan cuenta, sin embargo, de que por las calles hay miles de personajes exactamente idénticos a ellos, con el mismo peinado, la misma expresión de ingenuo desafío en la cara, los mismos zapatos.
Los ingleses carecen de fantasía; no obstante, muestran fantasía en dos cosas, sólo en dos cosas. Los trajes de noche de las señoras de edad y los cafés.
Las señoras de edad llevan, para la noche, los trajes más extraños. Y se pintan la cara de rosa y de amarillo sin escatimar nada. Se transforman, de pacíficos gorriones, en pavos reales y faisanes lujuriantes.
En torno suyo no provocan estupor alguno. El pueblo inglés, por lo demás, no conoce el estupor. Jamás vuelve la cabeza para mirar a su prójimo por la calle.
También en los cafés, en los restaurantes, Inglaterra muestra su fantasía. Suele darles nombres extranjeros para hacerlos más atractivos: «Pustza», «Chez nous», «Roma», «Le Alpi». A través de los cristales, se ve en ellos delicadas plantas trepadoras, farolillos chinos, agudos picos de rocas, luces azuladas de glaciares. O se ve calaveras, huesos cruzados, paredes negras, alfombras negras, fúnebres velas, y reina en ellos, al estar casi siempre vacíos, un luctuoso silencio.
Inglaterra, que no está en absoluto contenta de sí misma, estudia la forma de vestirse las plumas de la fascinación forastera o busca el escalofrío de una seducción funeraria.
Por lo demás, las bebidas y alimentos que se encuentra en el interior de estas pustze, de estos Alpes, de estos sepulcros, tienen todos el mismo lamentable sabor. La fantasía no ha llegado a bebidas y alimentos; se ha quedado enganchada en los cortinajes, en las alfombras, en las luces.
Los ingleses, por lo general, no muestran estupor. Si uno se desmaya por la calle, todo está previsto. En unos segundos le llevan una silla, un vaso de agua y una enfermera de uniforme.
Los desmayos están previstos, y en torno al infortunado todo se mueve rápida y automáticamente para prestarle ayuda.
Se asombran profundamente, sin embargo, los ingleses cuando, en el restaurante, pedimos un poco de agua. Ellos no beben agua, pues tienen calmada perennemente su sed por infinitas tazas de té. No prueban el vino ni tocan el agua. Por eso los desorienta la petición de un vaso de agua, ese mismo vaso de agua tan solícito en llegar cuando se produce un desmayo por la calle.
Al final lo traen: un vasito con poca agua tibia, en una bandeja y con una cucharilla.
Quizá tienen razón en disfrazar los cafés y restaurantes con aires extranjeros. Porque cuando estos lugares son claramente ingleses, reina en ellos una desesperación tan triste que al que entra le inspira la idea del suicidio.
Me he preguntado a menudo cuál es el motivo de esta desolación de los cafés ingleses. Acaso deriva de la desolación de las relaciones sociales. Cualquier lugar donde los ingleses se reúnan para hablar rezuma melancolía. En efecto, no hay nada más triste en el mundo que una conversación inglesa, cuidadosa siempre de no rozar nada esencial, de quedarse en la superficie. Para no ofender al prójimo entrando en su intimidad, que es sagrada, la conversación inglesa zumba su tema extremadamente aburrido para todos con tal de que no sea peligroso.
Los ingleses son un pueblo totalmente privado de cinismo. Son, en el fondo, siempre serios, a pesar de sus carcajadas, que estallan súbitas, y se quiebran sordas, sin eco. Creen todavía en ciertos valores esenciales que en todas partes han sido olvidados: la seriedad del trabajo, del estudio, de la fidelidad a uno mismo, a los amigos, a la palabra dada.
El civismo, el respeto al prójimo, el buen gobierno, el saber pensar y atender las exigencias del hombre, el prestarle asistencia en la vejez y en la enfermedad…: todo esto es, ciertamente, el fruto de una antigua y profunda inteligencia. Sin embargo, esta inteligencia no es visible o sensible en modo alguno en la gente que pasa por la calle. Mirando en torno de uno no se ve ni asomo de ella. Si hablamos al azar con el primero que pasa, en vano esperaremos palabras de humana sabiduría.
Cuando entramos en una tienda, la dependienta nos recibe con las palabras «Can I help you?». Pero sólo se trata de palabras. Inmediatamente se revela totalmente inhábil para ayudarnos, y en absoluto dispuesta a intentarlo. No se descubre en ella voluntad alguna de establecer con nosotros un entendimiento, de colaborar con nosotros, de contentarnos. Para buscar lo que deseamos no dirige su mirada a más de dos centímetros de su nariz.
Las dependientas inglesas son las más estúpidas dependientas del mundo.
Es una estupidez, no obstante, de la que está ausente el cinismo, la insolencia, la prepotencia, el desprecio. Es una estupidez desprovista por completo de vulgaridad. No tiene nada de innoble, y por eso no ofende. Los ojos de las dependientas inglesas tienen la vacía y atónita fijeza de los ojos de las ovejas en las praderas interminables.
Cuando salimos de la tienda, los ojos de la dependienta nos siguen, atónitos, vacíos, sin haber formulado sobre nosotros ninguna clase de juicio, ningún pensamiento. Son ojos que nos olvidan inmediatamente apenas salimos del brevísimo radio de su iris.
Por eso, si por casualidad nos encontramos con una dependienta menos estúpida, nos sentimos dispuestos a comprar toda la tienda, maravillados.
Italia es un país dispuesto a doblegarse a los peores gobiernos. Es un país donde todo funciona mal, como se sabe. Es un país donde reina el desorden, el cinismo, la incompetencia, la confusión. Y, sin embargo, por la calle, se siente circular la inteligencia, como una vívida sangre.
Es una inteligencia que, evidentemente, no sirve para nada. No se emplea en beneficio de alguna institución que pueda mejorar un poco la condición humana. Pero calienta el corazón y lo consuela, aunque se trate de un engañoso y acaso insensato consuelo.
En Inglaterra, la inteligencia se traduce en las obras, pero si buscamos en torno a nosotros por la calle, entre la gente que pasa, no encontramos ni asomo de ella, y esto, desde luego estúpida e injustamente, nos parece una privación y nos hace enfermar de melancolía.
La melancolía inglesa se nos contagia prontamente. Es una melancolía ovejuna, atónita, una especie de pasmo vacío, sobre cuya superficie revuelan las conversaciones sobre el tiempo, sobre las estaciones, sobre todas las cosas de las que se puede hablar largamente sin llegar al fondo, sin ofender y sin ser ofendido, un largo y leve zumbido de mosquito.
El pueblo inglés aparece, sin embargo, consciente en cierto modo de su propia tristeza, de la tristeza que inspira a los extranjeros su país. Con los extranjeros, tiene el aire de pedir excusas por ella, y aparece perennemente ansioso de marcharse. Vive aquí como en un eterno exilio, soñando con otros cielos.
Siempre me sorprende que en Italia, los que tienen hijos adolescentes, no sueñen otra cosa que mandarlos a Inglaterra en las vacaciones de verano. Sobre todo si se trata de muchachos que están atravesando, como a menudo ocurre en la adolescencia, un período de timidez, de misantropía, de hurañía, de hosquedad. Los padres italianos piensan en Inglaterra como en un específico remedio contra estos males. En realidad, en Inglaterra no se cambia jamás. Es un país donde sigue siendo uno absolutamente el mismo que es.
El que es tímido sigue siendo tímido, el que es misántropo sigue siendo misántropo. Además, sobre la timidez y la misantropía inicial, se extiende aún la grande e ilimitada melancolía inglesa, como una pradera ilimitada en la que se pierde la mirada.
Encima, los padres esperan en vano que sus hijos, en esas estancias estivales, aprendan el inglés, lengua dificilísima de aprender que poquísimos extranjeros saben y que cada inglés habla a su manera.
Inglaterra es un país donde uno sigue siendo absolutamente el mismo que era. El alma no sufre el más mínimo cambio. Sigue inmóvil, inmutable, protegida por un clima suave, templado, húmedo, sin cambios bruscos de estaciones, del mismo modo que se mantiene inmutable a través de todas las estaciones la hierba verde de los prados, que es imposible imaginar más verde; una hierba a la que ni el hielo muerde ni el sol devora. El alma no se libera de sus vicios, pero tampoco adquiere otros nuevos. Al igual que la hierba, el alma se mece en silencio en su verdeante soledad, regada por una tibia lluvia.
Hay en Inglaterra catedrales bellísimas. No encerradas entre casas y tiendas, sino abiertas a prados verdes. Hay bellísimos cementerios, sencillas piedras escritas esparcidas por la hierba entre una profunda paz, a los pies de las catedrales. No las defiende muro alguno, están allí, en perpetua intimidad con la vida y, sin embargo, inmersas en una paz suprema.
En el país de la melancolía, el pensamiento está siempre dirigido hacia la muerte. No teme a la muerte, puesto que la sombra de la muerte se asemeja a la vasta sombra de los árboles, al silencio que ya está presente en el alma, perdida en su verde sueño.















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